Nota de opinión. (Excepción)

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Desde mi subjetividad, mi reflexión y las visiones de mis conocidos.

Soy de Tandil. Mis estudios y formaciones me fueron llevando para un lado que de niña siempre me inculcaron: hacer “algo” de arte.

¿Qué me pasa?. Tandil es una ciudad en crecimiento, tiene oferta cultural pero le falta alienarse (o alinearse?) con el público contemporáneo. En el colegio, al menos mi experiencia, habré ido 3 veces al museo que quedaba al lado; y nada más. No tuve una relación práctica entre mi educación escolar y el arte, más que para lo básico que es conocer un lugar de exposición.

Y el arte es más que eso. No sólo una institución que cumpla con legitimar la obra. El arte está en realizar, disfrutar y generar. Sucede que tampoco hay un amplio abanico de propuestas seductoras que se difundan sobre todo en los espacios de mayor tirada (o al menos no son la más leídas) y el poder que tienen los medios de comunicación es irrefutable en Tandil o en la China. ¿Por qué será?.

A veces, la sensación de que la ciudad no está preparada para recibir arte está. Hablo de la ciudad en general, no de un sector dedicado ni el universitario. Y creo que acá está el punto. Por un lado, considero que el artista local debe ser libre y no limitarse a pensar cómo llegar al público, al menos es mi visión romántica y expansiva. Y por otro lado, la gente debe despojarse del distanciamiento inconsciente entre uno y la obra. Está permitido cuestionarla, criticarla, avalarla y seguramente, comprarla.

Es que el mercado del arte es un obstáculo para sí mismo, ya que debe reafirmar y demostrar su fuerza frente a algo (instituciones legitimadoras) y alguien (el público de Tandil) que es indispensable. Dentro de esta cadena el galerista, el gestor cultural (eslabón) cumple un rol importante ya que es quien debe elaborar una estrategia para poder llegar al público y debe tener respeto y generarlo por quien desea comprar. Los museos y las pocas galerías de Tandil están generando propuestas interesantes; deben CONVIVIR con la gente de Tandil. No digo olvidar la tradición pictórica y literaria de la ciudad pero tampoco vivir en discrepancia. Hay que seguir intentando modificar las reglas del juego en términos de Bourdieu para que las fronteras del campo se expandan y se consagre la autonomía del mismo, siempre relativa.

Entonces, hay que cambiar el soporte / el discurso del mensaje cultural que se ha utilizado en años pasados porque hoy en día, no hay perdón para el error en el mensaje. Y la clave está en PERSUADIR varias generaciones, sobretodo las “sometidas en naftalina”.

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